Demolición y recreación en Bengasi: Entrevista con Sarri Elfaitouri

3 diciembre, 2023 -
Para el arquitecto y artista Sarri Elfaitouri, empezar de cero en Bengasi es una necesidad existencial. Trasa demolición del centro 2023 del centro histórico de la ciudad, reflexiona sobre urbanismo, reformas sociales y el legado del colonialismo en Libia.

 

Naima Morelli

 

Una tabula rasa: borrón y cuenta nueva. Esta era la intención de la demolición del centro histórico de Bengasi en marzo de 2023, que incluía varios edificios de herencia colonial italiana.

El borrado no es nada nuevo para Bengasi. Profundamente afectada por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial tanto por los aliados como por el Ejela ciudad fue reconstruida posteriormente por el reino, que se deshizo de los restos de la posguerra para volver a desarrollar un nuevo centro moderno. Pero también éste fue destruido de nuevo por la guerra civil de 2014-2018.

De hecho, se está llevando a cabo una operación de reconstrucción, pero desde el punto de vista de la conservación, la demolición ha destruido una gran parte de la historia moderna de Libia. Mientras algunos lloran la pérdida, otros intentan ver el proceso de borrado como una oportunidad para construir una nueva narrativa para el país, para avanzar con ligereza sin el lastre del pasado.

"La arquitectura en Libia está profundamente enredada con el problemático pasado del país, enraizado en ideologías fundamentalistas, nacionalistas y coloniales", afirma Sarri Elfaitouri, fundador de la Fundación de Arquitectura y Arte Tajarrod en Bengasi. "Es necesaria una reconstrucción como reforma sociocultural".

Conmovido por la destrucción de posguerra del centro de Bengasi, el joven arquitecto, artista, escritor y comisario libio se dio cuenta de que, a lo largo de la historia de Libia, la reconstrucción material de edificios nunca ha producido, de hecho, ningún cambio radical en la forma en que la cultura entiende su pasado.

Elfaitouri concibe la arquitectura en su encarnación superior, es decir, como un proyecto cultural basado en la teoría, la investigación y la experimentación. Con Tajarrod, el objetivo es alejarse del comercialismo y de la práctica tradicional de oficina, lo que él llama "el acaparamiento del mercado". La idea es proporcionar el ambiente adecuado para que jóvenes arquitectos, artistas y estudiantes se replanteen Libia y sus edificios.

Así pues, el arquitecto cuestiona de facto las posibilidades y el potencial del Bengasi actual, y su capacidad para absorber tragedias, tensiones, reinvenciones y cambios.

 

En la exposición Bengazi - Tahafut-Incoherece (cortesía de Tajarrod).
En Bengazi, exposición Tahafut/Incoherence (cortesía de Tajarrod).

 

Naima Morelli: Usted estudió arquitectura en la Universidad Americana de Girne, en Chipre, y regresó a Bengasi en 2018. Puede contarme cómo cambió la ciudad en ese periodo de tiempo y cómo se sintió al presenciar la destrucción?

Sarri Elfaitouri: Cuando volví en 2018, el país acababa de salir de la guerra civil iniciada en 2014 contra el terrorismo fundamentalista religioso. El centro histórico de Bengasi había sufrido daños considerables, tras haber sido uno de los frentes más intensos del conflicto. La ciudad había perdido casi por completo sus características arquitectónicas históricas entre las cenizas y, para algunos, también su "identidad".

Primero me invadieron sentimientos encontrados al ver la inimaginable destrucción, y luego fui testigo de cómo los ciudadanos desplazados de la zona volvían poco a poco a sus casas destruidas y semidestruidas para revitalizarlas con vida... ¡con cero apoyo gubernamental! Importantes edificios y espacios recuperaron gradualmente cierta funcionalidad gracias a los esfuerzos de los ciudadanos de a pie, y sentí la presencia de una pequeña voluntad social de reactivación, después de que la zona hubiera estado muy abandonada en general.

No estaba especialmente triste, ¡aunque el estado era desastroso! Fue un momento que provocó en mí un profundo recelo hacia la identidad, la arquitectura y los arquitectos que, obviamente, estaban indefensos ante tal destrucción, tal y como tradicional y comercialmente se les ha formado. Al mismo tiempo, lo sentí como un momento de liberación, en el que empezar de cero es una necesidad existencial.

Las iniciativas gubernamentales comenzaron hace sólo dos años para restaurar y renovar algunos edificios como la Cúpula del Parlamento, la Tumba de Omar Al Mukhtar y para transformar la Catedral en mezquita. Todas las iniciativas se emprendieron de forma aleatoria y superficial, sin ninguna comprensión crítica de la problemática historia colonial de la ciudad ni con ninguna visión de una reconstrucción transformadora.

NM: En su opinión, ¿cuáles son los ejemplos más significativos de arquitectura colonial italiana en Bengasi que siguen en pie?

SE: Yo diría que el palacio Al Manar, por su ambivalente condición de pieza arquitectónica interesante y problemática a la vez. En su diseño incorpora elementos de la arquitectura islámica de este país, como el minarete y los arcos; sin embargo, lo hace de una forma que se funde con el moderno estilo arquitectónico italiano.

Esto me resulta interesante porque representa cómo la arquitectura italiana en Libia es inseparable de la ideología y la política coloniales. De hecho, el gobierno colonial italiano logró con éxito una hegemonía arquitectónica que muchos libios aceptaron como parte de la identidad libia. Pero en realidad se trataba de una inyección arquitectónica orientalista en la cultura libia. 

Dicho esto, yo no calificaría necesariamente este ejemplo de significativo ni en sentido positivo ni negativo. Es más bien significativo por los aspectos culturales e ideológicos que trascienden su existencia material e histórica, que es a la vez única y alarmante.

NM: ¿Cómo percibían los libios el palacio de Al Manar a lo largo del tiempo?

SE: El palacio de Al Manar ha asumido diversas funciones sociales y simbólicas a lo largo de su historia, entre las que destaca su transición de palacio de los gobernadores italianos a morada del rey Idres, que declaró la independencia de Libia desde el palacio en 1951.

Sin embargo, a un nivel cultural más amplio, sólo puedo especular con que se ha producido una división entre las personas que perciben esta arquitectura como parte de la identidad libia y otras -la mayoría, creo- que o bien son indiferentes a ella, o bien rechazan su relevancia para la sociedad libia. Existe una ruptura entre la identificación con el patrimonio arquitectónico colonial, que yo llamo "contextualidad colonial", y la negación del mismo.

Varios investigadores libios valoran la arquitectura y el urbanismo coloniales italianos por los beneficios sociales e infraestructurales iniciales que proporcionaron a la ciudad, y por el "respeto" que demostraron los arquitectos italianos al incorporar a sus diseños "estilos" arquitectónicos locales, en concreto orientales y mediterráneos. Ellos lo llaman "renacimiento", mientras que yo lo llamo sumisión no reconocida a la ideología imperialista, en el peor de los casos, y ceguera cultural, en el mejor.

Como dijo Edward Said, el imperialismo sigue existiendo.

Sarri Elfaitouri
Sarri Elfaitouri

NM: ¿Puede explicarme cómo algunos de los proyectos de Tajarrod abordaron el significado del patrimonio colonial de Bengasi, incluido el palacio de Al Manar?

SE: La herencia colonial es una cuestión obstinada que emerge en todos los proyectos en los que trabajamos en Tajarrod, y la abordamos a través de tres ejes principales: pedagógico, socioespacial y archivístico.

En nuestro primer proyecto Tahafut/Incoherence in 2020, organizamos un taller pedagógico que dio lugar a una instalación urbana y una exposición de tres días de duración frente al palacio Al Manar, en la plaza Al Khalsa/Silphium, la antigua plaza XXVIII Ottobre..

El proyecto pretendía reparar críticamente ese contexto colonial, presentarlo como un espacio de curación colectiva de un pasado traumático y contra su olvido, negación y borrado. El acto se centró principalmente en atraer a arquitectos, artistas y residentes locales y reunirlos para debatir activamente las cuestiones de la destrucción, la reconstrucción y la identidad en un espacio público.

No se trataba de una iniciativa arquitectónica en el sentido tradicional, sino más bien de una táctica urbana, basada en la instalación de estructuras ligeras de bajo presupuesto para dar forma física y conceptual al espacio y generar después movimiento y discurso en su interior.

NM: Con Tajarrod, has participado en un proyecto interregional llamado "la Academia sin Lugarque aborda cuestiones relacionadas con la compleja herencia de la arquitectura colonial y fascista. ¿Puede explicarme cómo ha trabajado el tema de la reevaluación del legado de la arquitectura moderna en Bengasi?

SE: Destacamos la calle Omar Almukhtar como estudio de caso. En respuesta al proyecto de destrucción y reconstrucción que he mencionado anteriormente, nos preguntamos qué significa reconstruir una calle simbólica, construida primero por las potencias coloniales italianas y luego reapropiada y bautizada con el nombre del líder del movimiento de resistencia. 

Aunque no sea posible un proyecto real de reconstrucción, los participantes en el proyecto diseñaron obras especulativas que criticaban tanto el legado colonial como el actual proyecto gubernamental de reconstrucción. 

Una de las ideas interesantes que surgieron fue la posibilidad de rediseñar una calle prototípica que pudiera representar un símbolo regional e internacional de la resistencia, pues ya hay varias calles en el mundo que llevan el mismo nombre, el del líder del movimiento de resistencia libio.

Dichos esfuerzos se dedican a remodelar la narrativa libia construido en parte por los poderes coloniales occidentales y los poderes políticos actuales y, por tanto, a establecer un contra-archivo que sea permanente, siempre renovado y resistente a la hegemonía, la nostalgia y la negación.

NM: ¿Está interesada la población libia en conservar su patrimonio arquitectónico frente al desarrollo y el cambio político?

SE: Como he mencionado antes, actualmente se hace cierto hincapié en la preservación, aunque a mí me parece simplemente una idea ambiciosa en nombre de una minoría intelectual y cultural de élite, muchos de los cuales ya habían sido históricamente privilegiados y se habían beneficiado de la presencia colonial italiana en la ciudad o en contra de ella. - comerciantes, políticos y activistas.

No creo que lo que está ocurriendo ahora sea un proyecto de desarrollo sincero, sólo está utilizando la arquitectura y la reconstrucción como antídotos políticos para adormecer la rabia y el descontento de la gente. Tampoco creo que haya un cambio político serio cuando lo que experimentamos es sólo una reproducción/reorganización de las mismas estructuras, discursos y dinámicas autoritarias, opresivas, demagógicas y explotadoras que el régimen anterior (el de Gadafi) había practicado durante mucho tiempo. La diferencia es que ahora simplemente se perpetúa mientras se camufla con una narrativa militar emancipadora.

A partir de la "Encuesta exhaustiva sobre la opinión de los libios acerca de los valores", publicada en 2015 por el Centro de Investigación y Consultoría de la Universidad de Bengasi, y de las realidades concretas actuales, la población libia en general parece preocupada principalmente por sobrevivir y prosperar individualmente, después de que la última ambición colectiva (la revolución del 17 de febrero de 2011) les haya "fallado". La conservación del patrimonio arquitectónico parece demasiado no solo un lujo que los libios no pueden permitirse, sino un lujo regresivo que además carece de sentido para ellos. 

Se podría deducir que existe una intensa contradicción en la cultura libia actual. Por un lado, existe un feroz deseo de borrado radical y ruptura con las huellas construidas/materiales del pasado, que se refleja en la negligencia y el abandono de la estética, los trajes y la arquitectura tradicionales. Y, por otro, una tendencia a reproducir los antiguos sistemas de valores sociales y políticos, con todas sus disfunciones y corrupciones.

 

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